Entendiendo la Terapia Narrativa

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La terapia narrativa fue reconocida fuera de Australia, lugar donde fue creada, por el archiconocido libro de White y Epston (1993) Medios Narrativos para fines terapéuticos. Estos autores usaban certificados, cartas y todo tipo de documentos para lograr externalizar el problema y que la persona tuviera más espacio para crear una identidad distinta a la que el problema proponía.

Desde entonces, la terapia narrativa ha pasado por un periodo de crecimiento de contextos de aplicación, así como de riqueza conceptual que la han hecho muy atractiva para los profesionales de la psicoterapia.

En el presente artículo vamos a ver algunas nociones básicas para comprender la práctica narrativa.

Comprendiendo la terapia narrativa

En muchos lugares aparece la definición de terapia narrativa como un enfoque respetuoso y no culpabilizador que sitúa a las personas como expertas de sus propias vidas (Morgan, 2004). Esto conlleva un cambio de conceptualización con respecto a quién busca ayuda. No se le llama paciente, ni se le llama cliente sino que se le denomina “coautor” del proceso de terapia (White, 2004).

EL PROBLEMA ES EL PROBLEMA Y LA PERSONA ES LA PERSONA.

Con este término Michael White quiere cuestionar la posición del terapeuta como experto y, por tanto, cuestiona su superioridad explícita e implícita sobre la persona que busca su ayuda. Coautor es quien ayuda al terapeuta a comprender la situación desmontando los prejuicios inherentes a la profesión, a la raza, a la clase social, al género, etc., facilitando la auto descripción del problema.

De este modo, el discurso de la persona, su historia, se convierte en fundamental para el terapeuta narrativo, acompañado de un análisis reflexivo de la posición que ocupa y de la necesidad de no imponer sus criterios a la vida de los consultantes (otro término que se utiliza para referirse a las personas que solicitan nuestra ayuda). Gergen (1996) lo llama auto narración y con ello “se refiere a la explicación que presenta un individuo de la relación entre acontecimientos auto relevantes a través del tiempo”.

Con el concepto de coautor y con el cuestionamiento del papel de terapeuta como experto, Michel White da paso a otro fundamento teórico de las prácticas narrativas: la valoración de los saberes locales o populares. Basándose en trabajos antropológicos de Gregory Bateson, Cliford Geertz y Bárbara Myerhoff, por citar algunos de los más relevantes, y en reflexiones filosóficas de Michel Foucault y Jacques Derrida, White (2002) destaca que en la enseñanza de las disciplinas profesionales no sólo se marginan los saberes locales o populares, sino que también se los descalifica, olvidándose de la propia historia de las personas y las comunidades y desechando la sabiduría, los recursos, valores, actitudes, etc., que cada persona y cada comunidad puso en juego para enfrentar las situaciones conflictivas. De la valoración de la sabiduría popular surge la práctica colectiva narrativa que trabaja con comunidades.

 

Dr. Carlos Chimpén

 

La Magia del Escribir

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“Escribir sirve para estimular la protección inmunológica, relajar y mejorar la calidad del sueño, ayudar a controlar la presión arterial y reducir el consumo de alcohol y fármacos
Además, reordena el pensamiento, promueve la conexión con los otros y disminuye las crisis depresivas. Parece mágico.
Escribir cambia la forma en que la gente piensa y organiza su mundo interno; Exige detenerse sobre la experiencia, reevaluar sus circunstancias, hasta que se alcanza una nueva representación en el cerebro. Es un proceso que implica reinscribir las emociones en un nuevo formato”

Son palabras de James Pennebaker, psicólogo de la Universidad de Texas, que estudia los beneficios de la escritura terapéutica desde hace más de tres décadas
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 Escribir cicatriza las heridas espirituales…

Pennebaker se trasladó a Madrid tras las bombas del 11 de marzo en la Estación de Atocha y trabajó en la escritura terapéutica con víctimas del atentado.
En el 2009 publicó sus conclusiones: “La confrontación de hechos traumáticos, mediante expresión tanto verbal como escrita, tiene efectos positivos sustanciales en personas con dificultades para verbalizar sus emociones”. (1)

 … Pero también las heridas físicas

Elizabeth Broadbent, psicóloga de la universidad de Auckland asevera que la escritura funciona como cicatrizante cuando versa sobre eventos tristes “o los sentimientos más profundos de la persona”.
De momento lo han probado en adultos de 64 a 97 años.
A los 49 participantes se les hizo una biopsia que dejó una herida en sus brazos y se les pidió que escribieran durante 20 minutos al día sobre ellas.
Los investigadores fotografiaron sus lesiones hasta que curaron. Una mitad relataba en un papel sus pensamientos, experiencias traumáticas y emociones. La otra mitad escribía sobre sus planes del día evitando mencionar aspectos sentimentales.
A los once días, un 76,2% de integrantes del primer grupo ya había curado la herida. Frente al 42,1% del segundo.

– ¿Cómo se explica esa magia? ¿Basta con relatar un hecho traumático para que su poder destructivo ceda?

Contar la misma historia, una y otra vez, a un terapeuta o a un amigo, no es necesariamente terapéutico. Una de las condiciones de la escritura expresiva es que movilice las emociones involucradas, en un proceso de reconstrucción del hecho traumático

– ¿ Escribir puede curar un cáncer?

No, pero tiene un efecto calmante. Puede producir relajación física, bajada de la presión arterial, caída del ritmo de respiración y mejora del sueño, así cómo mejora del sistema inmunológico y de la cicatrización de las heridas
La doctora Nancy P. Morgan (3) ha implementado la escritura expresiva en un centro oncológico para investigar sus efectos. Para su investigación pedía a los pacientes que cada semana respondieran a preguntas tales como: ¿Qué juegos te gustaban cuando eras niño? También que escribieran sobre una persona que les hubiera ayudado a superar una crisis.
“Este tipo de historias tienen un componente emocional”, explica. “Las personas que dijeron que el proceso de escribir les había ayudado a sentirse mejor respecto a su enfermedad, pero el cambio no solo sucedió a nivel emocional. También se reportaron mejoras físicas en las encuestas de seguimiento. La conexión entre ambos aspectos era muy importante”, subraya Morgan

1. ( Estudio publicado en el International Journal of Psychology) 
2. ‘Escritura expresiva y curación de heridas en personas mayores’, publicado en el número de julio de Psychosomatic Medicine, 
3. Directora del programa de Artes y Humanidades del Centro Oncológico Integral Lombardi, de la Universidad de Georgetown, en Whasington. Estudio publicado en la revista Time

Soltarse a Escribir

 

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La escritura nació en la zona de Mesopotamia, ubicada en el oriente próximo, entre los ríos Tigris y Éufrates, y que coincide con áreas del actual Irak y la zona limítrofe del noreste de Siria. Surgió debido a la necesidad de registrar las transacciones comerciales de la época.

Las primeras escrituras fueron implementadas por los habitantes de Mesopotamia, los Sumerios, aproximadamente 3.000 años a.C. y denominada escritura Cuneiforme, debido a que sus caracteres tenían forma de cuña.

Todos nosotros llevamos las  historias adentro. Escribir es sacarlas afuera, indagar en nuestra propia memoria para saber quiénes somos, enfrentarnos a nuestros temas ( fantasmas, deseos, sueños,  miedos…) con nuestra propia voz, que significa una manera de mirar, percibir e interpretar,  a la que el tiempo y la práctica moldean como únicas. El objetivo en estos primeros pasos no es tanto escribir bien, y si,  soltarse a escribir.

 

Aunque no haya un interés particular en ser escritor, la escritura ordena y desbloquea en todas las áreas de nuestras vidas.

Es una forma sencilla de reconocernos y conectarnos con nuestro centro.

Escribir para sanar: La descripción intimista puede acelerar la recuperación de lesiones

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Era sabido que fijar por escrito los sentimientos o las vivencias (como llevar un diario personal o escribir cartas íntimas) contribuye a aliviar traumas psicológicos y a mejorar el estado de ánimo. Estudios recientes apuntan a que la escritura intimista, que se caracteriza por descripciones de los pensamientos o sentimientos propios más profundos, también resultan benéficos para la salud corporal.

Investigadores de Nueva Zelanda indagaron si este tipo de escritos intimistas podrían ayudar a adultos de edad avanzada a una recuperación más rápida tras una biopsia. En el estudio, 49 adultos sanos, de edades comprendidas entre los 64 y los 97 años, dedicaron 20 minutos diarios, durante tres días consecutivos, a escribir ora sobre sucesos desagradables, ora sobre actividades diarias. Dos semanas después, para asegurarse de que habían dejado atrás los sentimientos negativos iniciales implícitos al evocar procedimientos molestos, todos los sujetos fueron sometidos a una biopsia en el brazo. Su curación se rastreó mediante fotografías diarias en los 21 días siguientes. En el undécimo día, el 76 por ciento de los «intimistas» habían sanado, frente al 42 por ciento del grupo de control.Resultado de imagen para escribir

«Creemos que al escribir sobre sucesos que causan molestias y temor, los pacientes objetivan la situación, ello alivia la angustia», opina Elizabeth Broadbent, de la Universidad de Auckland y coautora del estudio que se publicó en julio de 2013 en Psychosomatic Medicine. Una zozobra emotiva prolongada puede elevar las concentraciones de hormonas de estrés (como el cortisol), lo que dificulta la acción del sistema inmunitario. En septiembre pasado, un artículo del British Journal of Health Psychology daba cuenta de que, en efecto, escribir sobre un tema emotivo reducía los valores de cortisol en los participantes.

Es posible que en el trabajo de Broadbent la sanación se acelerase porque, al escribir sus sentimientos, los probandos dormían mejor. Los sujetos que descansaron más durante la semana anterior a la biopsia sanaron antes, posiblemente porque el dormir acelera numerosos procesos fisiológicos implicados en la curación.

 

Fuente: https://www.investigacionyciencia.es

¿Por que escribir?

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Queda claro que el expresar lo que sentimos es una forma de mejorar nuestra salud. Pero, ¿por qué es bueno hacerlo de forma escrita? Porque necesitamos que nuestra mente asigne un significado a lo que ha ocurrido. Es necesario que pueda darle sentido a lo que estamos viviendo porque cuando esto pasa, nuestra mente puede descansar finalmente. Pennebaker dice que el hecho de escribir ayuda a que nos obliguemos a ordenar los pensamientos de forma coherente, dando por tanto esta sensación de “sentido” a las cosas. Además, el uso concreto de ciertas palabras tiene una consecuencia directa sobre la capacidad de que ese relato sirva para ordenar las ideas. Palabras como “porque”, “entender”, “no” o “causa”, encierran un poder adicional  porque implican un esfuerzo cognitivo de parte de quien las escribe.

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Fuente: http://www.cepfami.com