Comprendiendo la terapia narrativa

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En muchos lugares aparece la definición de terapia narrativa como un enfoque respetuoso y no culpabilizador que sitúa a las personas como expertas de sus propias vidas (Morgan, 2004). Esto conlleva un cambio de conceptualización con respecto a quién busca ayuda. No se le llama paciente, ni se le llama cliente sino que se le denomina “coautor” del proceso de terapia (White, 2004).

EL PROBLEMA ES EL PROBLEMA Y LA PERSONA ES LA PERSONA.

Con este término Michael White quiere cuestionar la posición del terapeuta como experto y, por tanto, cuestiona su superioridad explícita e implícita sobre la persona que busca su ayuda. Coautor es quien ayuda al terapeuta a comprender la situación desmontando los prejuicios inherentes a la profesión, a la raza, a la clase social, al género, etc., facilitando la auto descripción del problema.

De este modo, el discurso de la persona, su historia, se convierte en fundamental para el terapeuta narrativo, acompañado de un análisis reflexivo de la posición que ocupa y de la necesidad de no imponer sus criterios a la vida de los consultantes (otro término que se utiliza para referirse a las personas que solicitan nuestra ayuda). Gergen (1996) lo llama auto narración y con ello “se refiere a la explicación que presenta un individuo de la relación entre acontecimientos auto relevantes a través del tiempo”.

Con el concepto de coautor y con el cuestionamiento del papel de terapeuta como experto, Michel White da paso a otro fundamento teórico de las prácticas narrativas: la valoración de los saberes locales o populares. Basándose en trabajos antropológicos de Gregory Bateson, Cliford Geertz y Bárbara Myerhoff, por citar algunos de los más relevantes, y en reflexiones filosóficas de Michel Foucault y Jacques Derrida, White (2002) destaca que en la enseñanza de las disciplinas profesionales no sólo se marginan los saberes locales o populares, sino que también se los descalifica, olvidándose de la propia historia de las personas y las comunidades y desechando la sabiduría, los recursos, valores, actitudes, etc., que cada persona y cada comunidad puso en juego para enfrentar las situaciones conflictivas. De la valoración de la sabiduría popular surge la práctica colectiva narrativa que trabaja con comunidades.

Fragmento: Dr. Carlos Chimpén

Escribir: ¿Para qué?

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Escribir hace de nosotros un instante imprevisible. El escritor se pelea con uno mismo, se empuja al vacío y, mientras cae, se mira a los ojos disfrutando la caída. Escribir es tener el cómo y el dónde, y darle un sentido al qué. Es poner negro sobre blanco pasando por la escala de grises. Escribir: ¿para qué?

1.- Escribir para aprender.

El escritor vive del pretérito imperfecto, se imagina en el futuro condicional y habita en un presente nada simple. Enfrentarse al papel es un ejercicio de autocomplacencia, es reordenar la vida y pedirse perdón. Escribir es darle un nuevo sentido al pretérito pluscuamperfecto, es aprender a conjugar todos los tiempos del verbo poder.

2.- Escribir para inventar.

Escribir es ordenar mentiras, una tras otra, hasta convertirlas en una gran verdad. Y es que no hay nada más cierto que lo que nunca ha sucedido. Nuestra memoria, selectiva y egoísta, es capaz de olvidarse de nuestros propios recuerdos, pero siempre recuerda una buena mentira.

“Escribir es ordenar mentiras, una tras otra, hasta convertirlas en una gran verdad.”

3.- Escribir para disfrutar.

Todo aquel que haya escrito alguna vez se habrá quedado sin palabras. Momentos de silencio, pánico y cabreo frente a la pantalla. El teclado no responde, el papel no contesta y las palabras parecen que han volado. Entonces, ocurre. Ahí está esa maldita palabra que le da sentido a todo. Ese conjunto de letras escurridizas y caprichosas que hacen de la escritura la mejor pasión del mundo y no una profesión más.

4.- Escribir para desconocer el equilibrio.

Escribir es una llama que busca constantemente una mecha. Es como reír y llorar al mismo tiempo; como ser y parecer; como quedarse e irse. El escritor destruye y construye a discreción. Escribir es perder el tiempo y no recordar dónde se ha dejado, es disfrutar la eternidad que ofrecen los momentos efímeros de la escritura.

5.- Escribir para vivir.

El escritor es un actor, un farsante. Un creador de prejuicios, opiniones, risas y llantos. Le puedes odiar o amar. Vive varias vidas y ninguna. Puede ser un soldado griego abatido, un pirata inglés al abordaje o un astronauta a la deriva. O una mujer iraní bajo un velo, una princesa en apuros o la presidenta de los Estados Unidos. El escritor no solo habla de atardeceres, palomas al vuelo y campos de flores. El escritor llena de sabor cada palabra y hacer pasar hambre al lector.

Escrito por Enric Ochoa-Prieto

Fuente: https://eluniversodelosencillo.com

 

 

La Magia de Crear

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“Para crear, hacemos uso de nuestro manantial interior. 
Somos responsables del mantenimiento de ese ecosistema artístico.
Si no prestamos suficiente atención al cuidado del estanque, es posible que se deteriore, se vacíe o se degrade.

Si uno abusa de él, como la pesca en una laguna, se corre el riesgo de que disminuyan los recursos.

Debemos aprender a autoalimentarnos.

Debemos estar lo suficientemente alertas para regenerar recursos creativos a medida que los extraemos, repoblar el estanque, proceso al que llamo alimentar el manantial .

¿Cómo alimentamos el manantial?. Lo alimentamos con imágenes.
El arte es una búsqueda del cerebro artístico, de imágenes, hogar y refugio de nuestros mejores impulsos creativos.

Al nutrir el manantial piensa en la magia; piensa en deleitarte, en divertirte.
No pienses en el deber.
No pienses en hacer lo que deberías hacer: sentarte a leer un aburrido texto recomendado por la crítica.

Trata de hacer lo que te atrae, explora lo que te interesa; piensa en el misterio, y no en la maestría.

Sigue el sentido de lo misterioso, no tu sentido de que deberías conocer más acerca de las cosas.
A la búsqueda de realizada por el cerebro artístico se llega a través del ritmo, no de la razón.
Cualquier acción regular y repetida alimenta el manantial.

Ducharse, nadar, fregar, afeitarse, conducir un coche, todas éstas son actividades regulares y repetitivas que nos permiten cruzar desde nuestro cerebro lógico hacia nuestro cerebro artístico, más creativo…

Comienza a aprender cuál de todas estas situaciones son mejores para tí úsalas.

Necesitamos ir al encuentro de nuestras experiencias de vida, no eludirlas”

Fragmento de El Camino del Artista

 

La escritura en si misma abre el espacio para una visión más amplia de aquello que vivimos. El solo hecho de las anotaciones diarias generan una mayor apertura, aprendizaje y creatividad en cualquier área de nuestro mundo. Al escribir, naturalmente surgen las imágenes y el alimento para nuestro ser creador.

 

Una terapia al alcance de todos

 Café Escribir Mesa Portátil Por Escrito Co 

Cuando se habla de escritura y terapia, es bastante conocido el caso de Isabel Allende, que considera que escribir la novela “Paula” le salvó la vida, ya que su escritura fue una forma de terapia para superar la enfermedad terminal de su hija. Se trata de un ejemplo entre los numerosos casos de escritores conocidos que han usado la literatura para recuperarse de duros golpes. Pero no hace falta ser un gran literato ni haber pasado por una desgracia para beneficiarse de la denominada escritura terapéutica o escritura expresiva. Cualquiera puede practicarla en casa y beneficiarse de los positivos efectos que tiene para la mente y para la salud.

Los beneficios de la escritura

Diarios, cartas, listas y, en general, el uso de papel y lápiz siempre ha sido un habitual “remedio casero” contra las preocupaciones, una especie de instinto que muchas personas han tenido de “vaciar su alma”. Hoy, gracias a algunas investigaciones, sabemos que las mejoras psicológicas son evidentes y no sólo eso: el sistema inmunológico también parece verse afectado por esa sana costumbre, así como todos las afecciones derivadas del estrés.

En el terrano de la investigación cabe destacar el trabajo de la doctora Susan Bauer-Wu, directora del Centro Cantor de investigación en enfermería y atención al paciente del Instituto contra el cáncer Dana-Farber de Boston. Según investigaciones de esta experta “los pacientes que dedican 30 minutos diarios al menos durante cuatro días a escribir sus pensamientos y sentimientos más íntimos, pueden mejorar significativamente su salud mental y física”. Los pacientes que recurren regularmente a la terapia expresiva suelen ir menos al médico o llamar a las enfermeras con menos frecuencia, necesitan menos sesiones de apoyo psicológico, tienen menos síntomas físicos y en general “les va mejor”, según Bauer-Wu.

La escritura libre

La Educación, De Papel, Por Escrito

El simple hábito de llevar un diario ya es un ejercicio buenísimo para ordenar nuestros pensamientos: escribir es una forma de expresión que exige cierto análisis y que permite a las personas ver sus problemas bajo otra óptica y encontrar una respuesta a sus emociones. Pero no todo el mundo tiene la facilidad de coger un lápiz y empezar a desprenderse de los asuntos más íntimos y dolorosos. Para esas personas tenemos otra propuesta: la escritura libre. Esta técnica, que consiste en escribir initerrumpidamente todo lo que nos pase por la cabeza durante un periodo limitado de tiempo, fue creada para resolver situaciones de bloqueo creativo, pero ha resultado ser de gran ayuda en otros tipos de bloqueo psicológico. Veamos cómo llevar a cabo este ejercicio:

  • Siéntate donde no vayas a ser molestado y márcate un tiempo y pon una alarma para no tener que pensar en ello. 10 minutos son suficientes para empezar, podrás aumentar el tiempo cuando tengas más práctica. Es importante escribir a mano.
  • Empieza a escribir sin preocuparte del tema ni de la ortografía. No pasa nada si al principio todo lo que te sale es algo como “No se me ocurre nada, no me gusta escribir” o “Este ejercicio es absurdo”. Lo importante es que no dejes de escribir hasta que suene la alarma.
  • Cuando des con una preocupación, concéntrate en ella. Por ejemplo “Cuando pienso en la conversación que tuve con mi jefe noto como se me pone duro el estómago y se me tensa la espalda”. Escribe todo aquello que pase por tu cabeza pero (muy importante) no permitas que tu mente consciente intervenga en el proceso.
  • Jamás dejes de escribir nada porque sea poco apropiado, piensa que nadie jamás va a leer ese texto. Blasfemias, obscenidades, faltas de respeto… deja que tu cabeza se vacíe de esas ideas. Algunas veces todo lo que llega es basura, porque la mente necesita limpiarse, deja que ocurra de forma natural.
  • De vez en cuando, entre el caos de tu escritura descubrirás frases sueltas o ideas que te sorprenderán. Recuerda subrayarlas en el momento de escribir.
  • Cuando la alarma suene, vuelve a las frases subrayadas y cópialas en una libreta. Si quieres puedes seguir pensando en ellas y continuar escribiendo de forma consciente pero lo importante es que destruyas el escrito original sin volver a leerlo.

Este método tiene muchos paralelismos con el hábito de ordenar: poner todo aquello que necesitamos en su lugar y deshacernos de todo aquello que es innecesario. Recuerda que una mente ordenada es la base de la salud emocional, sin la cual nada funciona bien en nuestra vida ni en nuestro cuerpo.

Fuente: www.naturarla.es

Entendiendo la Terapia Narrativa

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La terapia narrativa fue reconocida fuera de Australia, lugar donde fue creada, por el archiconocido libro de White y Epston (1993) Medios Narrativos para fines terapéuticos. Estos autores usaban certificados, cartas y todo tipo de documentos para lograr externalizar el problema y que la persona tuviera más espacio para crear una identidad distinta a la que el problema proponía.

Desde entonces, la terapia narrativa ha pasado por un periodo de crecimiento de contextos de aplicación, así como de riqueza conceptual que la han hecho muy atractiva para los profesionales de la psicoterapia.

En el presente artículo vamos a ver algunas nociones básicas para comprender la práctica narrativa.

Comprendiendo la terapia narrativa

En muchos lugares aparece la definición de terapia narrativa como un enfoque respetuoso y no culpabilizador que sitúa a las personas como expertas de sus propias vidas (Morgan, 2004). Esto conlleva un cambio de conceptualización con respecto a quién busca ayuda. No se le llama paciente, ni se le llama cliente sino que se le denomina “coautor” del proceso de terapia (White, 2004).

EL PROBLEMA ES EL PROBLEMA Y LA PERSONA ES LA PERSONA.

Con este término Michael White quiere cuestionar la posición del terapeuta como experto y, por tanto, cuestiona su superioridad explícita e implícita sobre la persona que busca su ayuda. Coautor es quien ayuda al terapeuta a comprender la situación desmontando los prejuicios inherentes a la profesión, a la raza, a la clase social, al género, etc., facilitando la auto descripción del problema.

De este modo, el discurso de la persona, su historia, se convierte en fundamental para el terapeuta narrativo, acompañado de un análisis reflexivo de la posición que ocupa y de la necesidad de no imponer sus criterios a la vida de los consultantes (otro término que se utiliza para referirse a las personas que solicitan nuestra ayuda). Gergen (1996) lo llama auto narración y con ello “se refiere a la explicación que presenta un individuo de la relación entre acontecimientos auto relevantes a través del tiempo”.

Con el concepto de coautor y con el cuestionamiento del papel de terapeuta como experto, Michel White da paso a otro fundamento teórico de las prácticas narrativas: la valoración de los saberes locales o populares. Basándose en trabajos antropológicos de Gregory Bateson, Cliford Geertz y Bárbara Myerhoff, por citar algunos de los más relevantes, y en reflexiones filosóficas de Michel Foucault y Jacques Derrida, White (2002) destaca que en la enseñanza de las disciplinas profesionales no sólo se marginan los saberes locales o populares, sino que también se los descalifica, olvidándose de la propia historia de las personas y las comunidades y desechando la sabiduría, los recursos, valores, actitudes, etc., que cada persona y cada comunidad puso en juego para enfrentar las situaciones conflictivas. De la valoración de la sabiduría popular surge la práctica colectiva narrativa que trabaja con comunidades.

 

Dr. Carlos Chimpén

 

La Magia del Escribir

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“Escribir sirve para estimular la protección inmunológica, relajar y mejorar la calidad del sueño, ayudar a controlar la presión arterial y reducir el consumo de alcohol y fármacos
Además, reordena el pensamiento, promueve la conexión con los otros y disminuye las crisis depresivas. Parece mágico.
Escribir cambia la forma en que la gente piensa y organiza su mundo interno; Exige detenerse sobre la experiencia, reevaluar sus circunstancias, hasta que se alcanza una nueva representación en el cerebro. Es un proceso que implica reinscribir las emociones en un nuevo formato”

Son palabras de James Pennebaker, psicólogo de la Universidad de Texas, que estudia los beneficios de la escritura terapéutica desde hace más de tres décadas
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 Escribir cicatriza las heridas espirituales…

Pennebaker se trasladó a Madrid tras las bombas del 11 de marzo en la Estación de Atocha y trabajó en la escritura terapéutica con víctimas del atentado.
En el 2009 publicó sus conclusiones: “La confrontación de hechos traumáticos, mediante expresión tanto verbal como escrita, tiene efectos positivos sustanciales en personas con dificultades para verbalizar sus emociones”. (1)

 … Pero también las heridas físicas

Elizabeth Broadbent, psicóloga de la universidad de Auckland asevera que la escritura funciona como cicatrizante cuando versa sobre eventos tristes “o los sentimientos más profundos de la persona”.
De momento lo han probado en adultos de 64 a 97 años.
A los 49 participantes se les hizo una biopsia que dejó una herida en sus brazos y se les pidió que escribieran durante 20 minutos al día sobre ellas.
Los investigadores fotografiaron sus lesiones hasta que curaron. Una mitad relataba en un papel sus pensamientos, experiencias traumáticas y emociones. La otra mitad escribía sobre sus planes del día evitando mencionar aspectos sentimentales.
A los once días, un 76,2% de integrantes del primer grupo ya había curado la herida. Frente al 42,1% del segundo.

– ¿Cómo se explica esa magia? ¿Basta con relatar un hecho traumático para que su poder destructivo ceda?

Contar la misma historia, una y otra vez, a un terapeuta o a un amigo, no es necesariamente terapéutico. Una de las condiciones de la escritura expresiva es que movilice las emociones involucradas, en un proceso de reconstrucción del hecho traumático

– ¿ Escribir puede curar un cáncer?

No, pero tiene un efecto calmante. Puede producir relajación física, bajada de la presión arterial, caída del ritmo de respiración y mejora del sueño, así cómo mejora del sistema inmunológico y de la cicatrización de las heridas
La doctora Nancy P. Morgan (3) ha implementado la escritura expresiva en un centro oncológico para investigar sus efectos. Para su investigación pedía a los pacientes que cada semana respondieran a preguntas tales como: ¿Qué juegos te gustaban cuando eras niño? También que escribieran sobre una persona que les hubiera ayudado a superar una crisis.
“Este tipo de historias tienen un componente emocional”, explica. “Las personas que dijeron que el proceso de escribir les había ayudado a sentirse mejor respecto a su enfermedad, pero el cambio no solo sucedió a nivel emocional. También se reportaron mejoras físicas en las encuestas de seguimiento. La conexión entre ambos aspectos era muy importante”, subraya Morgan

1. ( Estudio publicado en el International Journal of Psychology) 
2. ‘Escritura expresiva y curación de heridas en personas mayores’, publicado en el número de julio de Psychosomatic Medicine, 
3. Directora del programa de Artes y Humanidades del Centro Oncológico Integral Lombardi, de la Universidad de Georgetown, en Whasington. Estudio publicado en la revista Time

Soltarse a Escribir

 

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La escritura nació en la zona de Mesopotamia, ubicada en el oriente próximo, entre los ríos Tigris y Éufrates, y que coincide con áreas del actual Irak y la zona limítrofe del noreste de Siria. Surgió debido a la necesidad de registrar las transacciones comerciales de la época.

Las primeras escrituras fueron implementadas por los habitantes de Mesopotamia, los Sumerios, aproximadamente 3.000 años a.C. y denominada escritura Cuneiforme, debido a que sus caracteres tenían forma de cuña.

Todos nosotros llevamos las  historias adentro. Escribir es sacarlas afuera, indagar en nuestra propia memoria para saber quiénes somos, enfrentarnos a nuestros temas ( fantasmas, deseos, sueños,  miedos…) con nuestra propia voz, que significa una manera de mirar, percibir e interpretar,  a la que el tiempo y la práctica moldean como únicas. El objetivo en estos primeros pasos no es tanto escribir bien, y si,  soltarse a escribir.

 

Aunque no haya un interés particular en ser escritor, la escritura ordena y desbloquea en todas las áreas de nuestras vidas.

Es una forma sencilla de reconocernos y conectarnos con nuestro centro.

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